Días Felices

Este es el resumen visual de uno de los grupos del Taller de Teatro, el de los pequeños, aunque no les gusta nada que diga que son los pequeños… pero seguro que no están oyendo. Un año feliz gracias a ellos y ellas, he disfrutado muchísimo a su lado, nos lo hemos pasado bien, bien.

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Encuentro de Verano

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La Escuela Creativa de San Martín de la Vega propone dos semanas intensas para compartir y disfrutar de un encuentro veraniego en torno a El Juego, el Teatro y la Construcción. Cada niñ@ tendrá la posibilidad de participar en actividades donde dar rienda suelta a su capacidad creadora y su Expresión, con libertad, dentro de un ambiente colectivo respetuoso y relajado. Durante varios días podrán vivir una intensa experiencia, disponiendo del espacio y los medios necesarios para satisfacer sus necesidades y poder así desplegar al máximo su Juego y disfrute.

La Escuela Creativa de SMV está ubicada en el Centro Cívico Cultural, donde contamos con varios espacios de trabajo propios acondicionados:
– Un Taller con material y utensilios para construir lo que imagines o sueñes.
– Una estupenda sala donde disfrazarte, maquillarte, inventar historias, construir mundos,
cantar, bailar…
– Una cocina para tomarnos unos aperitivos que podamos hacer o traer de casa.
– Espacios de descanso para echarte un rato, tomar el aire, jugar libremente.

¡ANÍMATE, TE ESPERAMOS!

Primera semana: del 1 al 5 de julio
Segunda semana: del 8 al 12 de julio
Horario: de 10 a 13:30 horas (se estudiarán necesidades horarias específicas)
Edades: entre 6 y 12 años
Precio: 75 euros por semana
(Cada semana es independiente. Puedes asistir a una de las dos o a las dos seguidas)
Más información y reserva de plaza:
carlosfernandez1010@gmail.com
626 65 61 65 (Carlos)

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Bailar / Moverse

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El movimiento espontáneo de niños y niñas debería ocupar un lugar determinante en nuestra querida educación. Espontáneo hace referencia a ese movimiento libre, no dirigido ni codificado, fruto de los impulsos y necesidades más personales y orgánicas de l@s niñ@s y en el que no existe intervención del adulto o ésta es mínima o irrelevante.

Sin ser la Escuela Creativa y el Taller de Teatro lugares donde se trabaja de forma específica el movimiento, bailar y moverse libremente siempre están presentes en nuestro Juego por diferentes razones. En primer lugar porque la Expresión, como materia de trabajo dentro del Taller, ocupa uno de los primeros lugares en importancia y la Expresión está ligada irremediablemente a nuestro cuerpo: es “él” el que, sin duda, se encarga de expresar. En segundo lugar porque no existe para mi mejor forma de canalizar las energías que tod@s l@s niñ@s llevan (y acumulan) encima, que poner una música y bailar. Y por último, porque simplemente, bailar es muy hermoso, una manifestación universal de la alegría de estar vivos.

Normalmente a los adultos nos perturba la actividad física de los niños, bien por los supuestos riesgos que puedan correr como por la simple molestia del ruido, el movimiento en sí, la energía desplegada. Creo que es muy importante reflexionar, desde una observación tranquila y libre de prejuicios y, sobretodo,  desde un interés real que sea capaz de escuchar las necesidades de l@s niñ@s, cuál es el motor que les impulsa a moverse de una determinada manera y con una determinada energía…
¿Dónde y por qué nace esa necesidad que se expresa arrastrándose por el suelo, corriendo, girando sobre uno mismo, saltando, trepando, bailando, etc?

Los cuerpos en formación necesitan experimentar con el movimiento, necesitan probar, modelar, descubrir por sí mismos cuáles son sus verdaderos límites; l@s niñ@s no pueden tragarse esas necesidad sin más. Es muy importante darles espacios, tiempos y, sobretodo, comprensión para que puedan desarrollar toda esa potencia vital, esa necesidad. No estoy hablando de dejarles hacer “lo que les de la gana”, pero sí de acompañarles y ser comprensivos en la ampliación de límites para que puedan desplegar toda la energía que llevan dentro.
 
Hace poco leí una frase escrita por no recuerdo quién, muy certera y representativa. Decía algo así como: “Nos pasamos los primeros años de la vida de un niño enseñándole a hablar y caminar y el resto de su infancia diciéndoles que se callen y que se estén quietos”. No se puede resumir mejor.
Debemos valorar si el peligro que corre el jarrón de la abuela es más importante y a tener en cuenta que el complejo aprendizaje motriz de nuestr@s hij@s.
 
Al Igual que cuando se habla del Juego, el Movimiento o el Baile (libre, espontáneo, etc…), son espacios de la actividad infantil que son relegados a la condición de entretenimiento, elementos prescindibles del “verdadero” aprendizaje, tanto en la escuela como en casa. Yo creo que esto es un profundo error de la educación actual puesto que tanto el juego espontáneo como el movimiento y la actividad motriz son básicos e importantísimos elementos de la construcción de nuestra personalidad.
Si redujéramos el número de horas lectivas de matemáticas, lengua o conocimiento del medio, la capacidad matemática, lingüística o de comprensión del mundo no se verían afectadas estructuralmente. El niño seguiría teniendo la capacidad de aprender determinados conocimientos en otro momento, seguramente más apropiados o con más poder de absorción y atracción para ellos. Sin embargo, el Juego y el Movimiento, desde el primer minuto de vida, trasforman (o dejan de hacerlo), construyen (o dejan de hacerlo) constantemente toda nuestra estructura física, nuestra capacidad motora, nuestra relación con el mundo, nuestros sentidos, nuestros límites, etc. En definitiva todo el ser que somos.

La adquisición de conocimientos se ha consolidado como la única vía educativa. Para eso sometemos a l@s niñ@s a exhaustivas sesiones de silla y silencio. Hoy día existen numerosos problemas motrices y de otro tipo fruto de este sometimiento. El colmo de esta situación (que cada día parece ir a más) es el hecho de diagnosticar con determinadas patologías a niños y niñas por el hecho de hacer aquello que mirándolo con sentido común deben hacer y es lógico y normal que hagan: Moverse. Salirse de la fila. Abrir los ojos y el cuerpo al mundo, a aquello que en verdad les interesa y les hace fuertes y libres.

A lo que íbamos: Bailar libremente. La música nos invade y el ritmo (que no es otra cosa que una pulsión, como la de nuestro corazón que mueve nuestra sangre) nos empujan a desplegar nuestra energía y descubrir y disfrutar lo que somos y cómo somos.